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El INAN revela el operativo detrás de cada plato del programa Hambre Cero, y a qué apunta

Las comidas del programa Hambre Cero deben reunir condiciones nutritivas también deben ser apetecibles para los niños. Pero, ¿cómo asegurar que se cumplan estos requisitos en los diferentes departamentos del país y, además, óptimas condiciones de consumo? Fernando Romero, director del Instituto Nacional de Alimentación y Nutrición, revela la trama detrás del “plato ideal”, en el marco del aprendizaje de la salud en Paraguay.

En el programa Duplex Nacional, el titular del INAN se refirió a toda la infraestructura que requiere el programa Hambre Cero en las Escuelas, del Gobierno del Paraguay, para garantizar a los niños el acceso a alimentos seguros, inocuos y nutritivos.

“El programa de alimentación escolar ha permitido abordar la seguridad de la alimentación en el entorno escolar, lo que ha tenido un impacto profundo al brindar platos nutritivos y agradables, que favorecen el aprendizaje, a más de un millón de niños”, comenta el licenciado Romero.

Para que ello sea posible, el INAN, dependiente del Ministerio de Salud, diseñó previamente un Plan Nacional de Alimentación Escolar, que estableció lineamientos nutricionales y calóricos de cada desayuno, almuerzo y merienda escolar. Además, definió el proceso debe cumplir cada proveedor para garantizar la inocuidad de los alimentos. Y para asegurar su cumplimiento, realiza monitoreos de manera aleatoria en todo el país.

“Se monitorea la calidad de los platos y el respeto a los menús cíclicos, porque también se vela por la variabilidad de la alimentación, para garantizar una nutrición adecuada”, refiere Fernando Romero. También se vigila el cumplimiento de las buenas prácticas de elaboración y de la infraestructura adecuada para el trabajo.

Los menús no son exactamente iguales en los diferentes departamentos del país. Hay zonas donde la institución presenta alternativas para adaptarse a la producción local y también a las preferencias alimentarias. “Sea cual sea la selección del menú -que se decide localmente-, el INAN garantiza que reúna las condiciones de contenido proteico, el valor calórico total, el contenido de fibra, entre otros”, comenta Fernando Romero.

“¿Por qué insistir con un alimento si no es aceptado por la mayoría de los chicos?”, comentan. En este momento, el INAN se encuentra trabajando en la revaluación de los distintos menús en varios aspectos, y uno de ellos tiene que ver con la aceptabilidad de los menús”, explica Romero.

Sobre la frecuencia de la evaluación, el titular del INAN indica que es conforme a los procesos licitatorios, y se realizan al inicio y durante el desarrollo. Pero los alimentos no solo deben estar correctamente elaborados, de acuerdo a los lineamientos técnicos, también deben contar con buen sabor y aroma.

“En líneas generales tenemos buena y gran aceptabilidad de los alimentos, pero hay insumos que necesitan tener mejores características organolépticas o sensitivas. En estos casos se hacen intervenciones y comunicaciones para subsanar la situación”, comenta Romero. “Hoy podemos decir que estas situaciones se presentaron de manera aislada, pese al altísimo volumen de comidas diario”, agrega.

Al ser consultado por el plato preferido de los niños, el titular de INAN expresó: “Afortunadamente, la mayoría de los platos tienen un alto grado de aceptación. Pero normalmente gustan más los menús tradicionales de las familias paraguayas, como el vori vori, los guisos, los picaditos, entre otros”, comentó.

Cada almuerzo va acompañado de ensaladas compuestas mínimamente por tres tipos de vegetales diferentes, y de postres que son -de preferencia- frutas, y también incluye legumbres, aunque su consumo no es muy difundido en el país.

“Garantizar la seguridad alimentaria de los niños en las escuelas conlleva grandes desafíos y uno de ellos es justamente encontrar el equilibrio entre lo que les gusta comer y lo que deberían comer. Es una oportunidad gigante para fomentar estilos de vida saludables”, explica el licenciado Romero.